Cuando decidí especializarme en administración de empresas y finanzas internacionales, mi propósito no era únicamente comprender los estados financieros. Quería entender uno de los pilares que sostienen la estrategia organizacional y aplicar ese conocimiento tanto al crecimiento de Biocéntrica como a las organizaciones a las que acompañamos.
Las raíces, así como la gestión administrativa financiera, rara vez son protagonistas. Sin embargo, son las que permiten que un árbol permanezca firme, almacene energía y siga creciendo incluso cuando cambian las condiciones del entorno. En las organizaciones ocurre algo similar.
Estamos acostumbrados a explicar el crecimiento empresarial a través de la lógica “vender más para ganar más”; pero la rentabilidad es una manifestación de resiliencia organizacional.
Sin embargo, cuando revisamos los estados de resultados y los comparamos con la realidad, podemos notar que un incremento en las ventas no siempre se traduce en una organización más sólida. Existen empresas y organizaciones que aumentan sus ingresos año tras año, pero, incluso así, enfrentan problemas recurrentes de liquidez, endeudamiento, incapacidad para invertir o una permanente sensación de escasez.
En mi propio camino con Biocéntrica, me he planteado estas preguntas que hoy comparto con ustedes: ¿la rentabilidad es solo resultado de una buena gestión financiera?, ¿será que también refleja la cultura y los comportamientos que la están construyendo?
Más allá de las finanzas, las organizaciones operan a partir de estructuras, incentivos, procesos y hábitos que, con el tiempo, moldean su forma de actuar. Cuando un sistema está diseñado para gastar primero y esperar que la utilidad aparezca al final del ejercicio financiero, los recursos tienden a consumirse por completo; convirtiéndose, así, en un patrón de comportamiento.
En cambio, cuando una organización decide proteger deliberadamente una parte de los recursos que genera, envía un mensaje distinto a sus públicos internos y externos: la sostenibilidad financiera es un principio que orienta las decisiones. Cuando eso ocurre, la rentabilidad pasa a ser un compromiso integrado al diseño organizacional.
Si la cultura y el “siempre se ha hecho así” favorecen el gasto inmediato, la improvisación, la dependencia constante de ingresos futuros, esos comportamientos terminarán normalizándose. De forma opuesta, cuando los sistemas promueven la planificación, la reserva de recursos, la disciplina financiera y la evaluación permanente de prioridades, la organización desarrolla capacidades que fortalecen su resiliencia.
De tal modo, como directores y gerentes debemos encarar la realidad y cuestionarnos qué tipo de decisiones estamos incentivando con nuestro modelo de gestión actual.
Una mirada desde la Inteligencia Biocéntrica
Si bien las organizaciones no son ecosistemas naturales, son sistemas compuestos por personas, relaciones, conocimientos, recursos y decisiones y, como todo sistema vivo, necesitan preservar su capacidad de adaptación.
Los sistemas vivos almacenan energía, generan reservas, distribuyen recursos de manera eficiente y desarrollan mecanismos que les permiten adaptarse cuando cambian las condiciones del entorno. Su permanencia depende de mantener un equilibrio entre crecimiento, conservación y regeneración.
Por ello, en Biocéntrica creemos que una empresa sostenible, a la vez que maximiza el consumo de sus recursos en el presente, también protege su capacidad de seguir creando valor en el futuro.
La rentabilidad, vista desde esta perspectiva, se traduce en una manifestación de resiliencia organizacional, evidenciando ante los grupos de interés que se están construyendo las condiciones necesarias para innovar, enfrentar crisis, invertir en talento, fortalecer relaciones y sostener su propósito en el tiempo.
Esta realidad no aplica solo para empresas u organizaciones con fines de lucro, también en entidades con vocación social o ambiental, donde hablar de utilidad, incluso, puede generar cierta incomodidad, como si la búsqueda de rentabilidad fuera incompatible con la generación de impacto. Pero, contrario a ello, una gestión financiera informada y consciente permite generar más valor para beneficiarios, para el fortalecimiento institucional y para la sociedad en general, es decir, para cumplir la misión de estas vocaciones institucionales.
Nuestra propuesta como firma de consultoría estratégica, es resignificar la rentabilidad y desglosarla en la pregunta: ¿cuánto aumentamos nuestra capacidad de generar valor para nuestro ecosistema organizacional y para la sociedad, ahora y en el futuro?
Al acomodarnos a una limitada capacidad de generar valor, estamos enredándo el propio crecimiento y desarrollo de nuestra visión porque:
- Es más difícil innovar.
- La atracción, retención y desarrollo del talento se condiciona.
- Disminuye la capacidad de responder a los indicadores de sostenibilidad económica, social, ambiental y de gobernanza.
- El conocimiento acumulado no se capitaliza.
- Se pierde credibilidad y poder de atracción de inversionistas o donantes.
- Las causas más nobles y loables pueden perder su capacidad de permanencia y transformación.
- No podemos anticiparnos estratégicamente, para construir escenarios y mitigar riesgos.
Por ello, ¡y de manera contundente!, podemos decir que el propósito necesita una base financiera sólida para convertirse en impacto duradero.
En Biocéntrica, queremos impulsar una nueva conversación para el liderazgo empresarial
Como profesional, emprendedora y directora de una empresa que aspira a crecer y desarrollarse, me planteo el desafío de ampliar los objetivos financieros desde los ingresos generados, hacia diseñar organizaciones capaces de administrar mejor el valor que generamos.
Las finanzas, la cultura, la gestión del conocimiento, el liderazgo, la comunicación y la estrategia forman parte de un mismo sistema, donde cada decisión fortalece o debilita la capacidad de la organización para adaptarse y prosperar. Entonces, ¿estamos diseñando una organización capaz de seguir creando valor dentro de diez años?
Esta es también una expresión del liderazgo y la inteligencia con la que directivos y gerentes están moldeando el porvenir de su empresa u organización.
Por Alejandra Ayala, fundadora y directora ejecutiva de Biocéntrica Boutique Advisory
